A veces la vida nos orilla a tomar decisiones que no queremos tomar, unas que son difíciles. Y aunque no nos gusten las opciones, por lo menos sabemos que una de ellas es la correcta, o la mejor. Tenemos que elegir.
A veces duele. Cambiar de rumbo y de hogar no es sencillo. Dejar tu vida en un lugar, no es sencillo. Pero a veces no hay de otra. Lo único que queda es mentalizarse. Ya que si nos quedamos quejándonos pues lo feo se torna horrible y por eso es mejor verle el lado bueno.
Admiro mucho la habilidad de quien puede hacerlo. De ser fuerte y sacrificar muchas cosas, y aún así seguir sonriendo.
No hay mejor medicina que una buena carcajada, que una sonrisa. Eso lo cura todo.
No hay que temer dejar a la gente que queremos en un lugar, no hay que tener miedo a la distancia, no hay que pensar que el dejarse de ver hará que sentimientos y relaciones terminen. Cuando de verdad hay algo, no pasa nada ;] Hay gente en tu vida que llega para quedarse.
Y si esas personas que temes perder son de esas que ya ocuparon un lugar en tu corazón y tú un lugar en el de ellos (por más pequeño que sea) ellos irán a donde tu vayas. Estarán en donde tu estés. Los sentirás cerca aunque de cuerpo presente no estén ahí.
Es inevitable el dejarse de frecuentar, pero cuando los vuelvas a ver (si pensabas que ya todo iba en picada) te darás cuenta de que todo sigue ahí. De que nada se ha ido, y de que fue como haberte puesto una película y ponerla en Pausa. Simplemente eso. Y cuando el tiempo sea el adecuado, ya que todo sea posible y no haya tantas dificultades ni intervenciones. Solo es cuestión de volver a ponerle Play